
Oliva

Castillo de Santa Ana









Formó parte de las fortificaciones creadas para la defensa de la costa en 1575 por encargo de Felipe II.
Diez años después ya se había construido en una colina sobre los restos de una ermita el castillo de Santa Ana, advocación de la antigua ermita.
Vigilaba la costa y a la morería local vecina. Permaneció en servicio durante el siglo XVII.
El castillo, de estilo renacentista, es de planta rectangular de 43,50 x 34,70 metros, con dos torres de planta circular. Los puntos defensivos se encontraban en algunas aspilleras oblicuas a los muros y principalmente en las torres.
Una rampa acodada al este era el acceso a la fortificación.
Se conservan el aljibe y restos de muros de diversas dependencias.
Actualmente alberga en su recinto un repetidor radioeléctrico.
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Torreón



Se trata de uno de los restos mejor conservados del antiguo Palacio Condal de Oliva, una de las cuatro torres esquinales de planta circular que defendían los muros del castillo-palacio, en el que destacaba su rica decoración renacentista, con friso pintado al temple sobre placas de ladrillo, columnas de mármol, bóvedas góticas y demás elementos ornamentales de la época. Algunos de estos restos se encuentran en la Iglesia de Santa María la Mayor, aunque la mayoría se encuentran en Nueva York, en la Hispanic Society of America.
Fue propiedad, entre otros, de los duques de Gandía y de los Osuna, acabando en manos de un anticuario danés que vendió gran parte de sus elementos en Copenhague y Nueva York.
En 1920 fue declarado Monumento Nacional, deteniendo de este modo el expolio.
La restauración realizada en el conjunto formado por la Torre y las salas en 1999 rememora, en parte, el esplendor del edificio en el siglo XVI.
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Muralla



Quedan pocos restos de la muralla de Oliva, que según cuentan fue destruida como castigo en la Guerra de Sucesión a principios del S.XVIII, por haber apoyado Carlos de Austria. Se han realizado excavaciones que demuestran que su destrucción no fue total.
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Portal de la Virgen



Esta puerta es uno de los restos del perímetro amurallado de la Vila anterior a 1529, cuando se inició la construcción de un nuevo trazado de las murallas para asegurar la defensa y para la ampliación del recinto urbano primitivo.
El portalet, como popularmente se llama a esta puerta, está formado por un arco de medio punto, sobre el cual observamos un muro decorado, desde 1945, con los plafones cerámicos de la Inmaculada y San Francisco de Paula. Aún se aprecian los grandes quicios que aguantaban las hojas de la puerta, cuyo acceso enlazaba con la antigua calzada romana.
Iglesia de Santa María



De la primitiva iglesia gótica se conserva una arcada en la zona del baptisterio una capilla gótica restaurada y el arco apuntado gótico-mudéjar de una puerta. El resultado de distintas fases constructivas a lo largo del s. XVIII (1705-1787) es el actual templo. Está considerado un magnífico ejemplo de la arquitectura valenciana de ese siglo: en él puede apreciarse la evolución desde el último barroco hasta el pleno neoclásico. Una de las particularidades de la iglesia es la sobriedad de su interior, buscando resaltar la belleza de la arquitectura sin profusión de ornamentos.
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